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Yulianna Avdeeva

Recital


Patio de los Arrayanes Ver en Maps

Lunes 29 Junio | 22:00

A 40€ B 25€
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Descripción

Recital

Yulianna Avdeeva piano

 

I

Fryderyk Chopin (1810-1849)
Nocturnos, op. 62 (1846)
Władysław Szpilman (1911-2000)
Mazurca en fa menor (1942)
Fryderyk Chopin 
Fantasía en fa menor, op. 49 (1841)
Władysław Szpilman
Suite «The Life of the Machines» (1933)
Fryderyk Chopin
Andante spianato et Grande polanaise brillante, op. 22 (1830-31)

II

Fryderyk Chopin
24 Preludios, op. 28 (1836-39)

 

Con la colaboración de

 

En torno a Chopin y Szpilman

Este programa extraordinario, preparado para el día 29 de junio, está dedicado a la obra de dos artistas polacos –Fryderyk Chopin y Władysław Szpilman– cuyas trayectorias vitales siguieron caminos muy distintos. Paradójicamente, sin embargo, es posible encontrar entre ellos varios puntos en común.

Ambos procedían de familias en las que las raíces polacas se entrelazaban con las extranjeras: el padre de Chopin era un profesor francés que se estableció en Polonia, mientras que Szpilman provenía de una familia judía asimilada. Los dos mantuvieron un estrecho vínculo con Varsovia, estaban dotados de un talento excepcional y sentían una profunda fascinación por las tradiciones musicales polacas. Además, sus vidas transcurrieron en épocas difíciles y decisivas para la historia de Polonia.

La carrera de Chopin floreció a comienzos del siglo XIX, cuando Polonia no existía como Estado independiente. El compositor, con apenas veinte años, emigró a Francia tras el fracaso de un levantamiento contra el dominio ruso y permaneció allí hasta su muerte prematura, probablemente causada por la tuberculosis. Fue precisamente en Francia donde pudo desarrollar plenamente su extraordinario talento y alcanzar una merecida fama internacional. Como expresó certeramente el poeta polaco del siglo XIX Cyprian Kamil Norwid, Chopin fue «de origen varsoviano, polaco de corazón y ciudadano del mundo por su talento».

A Szpilman le tocó vivir tiempos aún más difíciles. El pianista, nacido en 1911, tenía tan solo veintiocho años cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. Confinado por los nazis alemanes en el gueto de Varsovia, hizo aquello que mejor sabía hacer: tocar el piano en cafés y salas de conciertos, entre otros –también las obras de Chopin– ofreciendo a sus oyentes un instante de consuelo y una apariencia de normalidad. Tras escapar del gueto, permaneció oculto gracias a la ayuda de amigos polacos y, en los últimos meses de la guerra, encontró refugio entre las ruinas de una Varsovia devastada por los alemanes. Relató aquellas experiencias en unas conmovedoras memorias que posteriormente fueron llevadas al cine por Roman Polański. Después de 1945 regresó a la Radio Polaca, donde ya había trabajado antes de la guerra, y retomó su actividad concertística, aunque con el tiempo se dedicó principalmente a la música ligera.

A ambos artistas los unía un profundo amor por la música y por la identidad polaca expresada a través del lenguaje de la melodía. Los inconfundibles polonesas y mazurcas de Chopin evocaban en sus oyentes la imagen de la patria del compositor y alimentaban la esperanza de que Polonia renaciera algún día. Szpilman, por su parte, al tocar en el gueto de Varsovia transmitía una esperanza semejante: la certeza de que, incluso en los años más oscuros de la historia de la humanidad, la libertad y la normalidad acabarían regresando tarde o temprano.

Un momento simbólico que une estas dos vidas aparentemente tan distintas tuvo lugar el 23 de septiembre de 1939, cuando una bomba alemana interrumpió una emisión en directo de la Radio Polaca durante la cual Szpilman interpretaba un nocturno de Chopin para reconfortar el ánimo de los habitantes de una Varsovia sitiada. «Cañones ocultos entre flores», como Robert Schumann definió la música de Chopin, enmudecieron de forma repentina y durante más de cinco años tuvieron que ceder ante la superioridad de los bombarderos nazis. Sin embargo, fue finalmente el arte el que triunfó sobre la barbarie inhumana, legándonos una lección universal sobre el poder de la belleza, la memoria y la condición humana.

 

Maria Ślebioda

Directora. Instituto Polaco de Cultura

 

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